Statement

Desde pequeña he tenido una afición por recolectar y atesorar ciertos objetos, pero no tanto por no por la necesidad de acumularlos o de poseerlos. Lo que me seduce en realidad es la elocuencia poética con que se revelan cierto tipo de cosas en el momento de ser encontradas inesperadamente. He querido despertar el valor que puede darse a los objetos más allá del mero utilitarismo o valor de cambio como mercancías. Rescatar el valor de lo ínfimo, lo viejo y lo obsoleto representa un acto de resistencia ante la vertiginosidad con que se producen, consumen y desechan los objetos en el mundo contemporáneo. Todos esos objetos diminutos y aparentemente insignificantes que suelo incorporar en mis piezas son hallazgos de la experiencia cotidiana cuando es alumbrada por el asombro.

La poética del asombro, como estrategia creativa, consiste en subvertir la percepción convencional que nos vincula con el mundo para reavivar la riqueza oculta de las cosas ordinarias y jugar a crear un nuevo orden, uno al servicio de la imaginación. Transformar el mundo de los objetos para transformar el mundo concebido por el sujeto y en el que este se concibe , como escribió Luis Puelles Romero.

Así como los antiguos exploradores que regresaban de tierras lejanas con una colección objetos exóticos que después clasificaban dentro de sus Gabinetes de curiosidades, mi proyecto de arte-vida es conformar una suerte de Gabinete íntimo metafórico, con todos aquellos fragmentos de mi vida: escombros, amuletos, tesoros y desperdicios rescatados del olvido que voy encontrando en mi camino. El espacio simbólico en que se gesta y se expande esta particular colección se erige sobre una zona fronteriza entre la imaginación y la realidad, lo posible y lo tangible, la intuición y el pensamiento, la vigilia y los sueños.